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Bullying, un problema viejo con nombre nuevo

Editorial Escrita Por: Evelin Galindo

 

Cuauhtémoc.- Cuándo asistí a la primaria de mi sobrina para averiguar sobre la agresión de que fue víctima, por parte de 4 niños de su grupo, la respuesta del director fue la siguiente: “No se preocupe, a mí también me pegaron en la escuela y nunca me traumé” el trauma y las depresiones son males modernos que no padecíamos las generaciones anteriores.

Otro de sus argumentos fue que los niños agresores provienen de familias problema y que las escuelas no pueden enfrentarse a padres conflictivos por temor a represalias. Entonces me di cuenta de que el bullying, esta práctica antigua con nombre nuevo, no puede solucionarse sólo con buenas intenciones; si las instituciones de salud, seguridad, investigación y derechos humanos hacen el trabajo correspondiente, pero no tenemos maestros conscientes de lo que implica la violencia, vamos directo al fracaso.

Considerar normal una práctica que inicia con un jalón de cabello y que puede convertirse en un delito, es la raíz de una serie de conflictos que descomponen la convivencia de los seres humanos dentro y fuera de las aulas. Los maestros que permiten el bullying por ignorancia o por temor, son tan culpables como los generadores de violencia por volverse permisivos y hasta indiferentes de la conducta de los menores.

Podrán hacerse mil programas contra el bullying, presentarse quejas en la fiscalía, hacerse acuerdos de paz entre alumnos, pero si los maestros consideran que “es normal crecer a trancazos”, el golpe lo están dando ellos, directo hacia la autoestima de los alumnos.

Pero como dice el especialista y terapeuta Jorge Morales, la conducta violenta inicia con hábitos finos como sobrenombres, burlas y actitudes que parecen normales, pero reflejan la manera en que el agresor está validándose ante los demás. Además, las víctimas se eligen por su condición que puede ser pasiva o por sus características físicas que los hacen parecer más débiles que los agresores.

Por tanto, es tarea de los padres, maestros y la sociedad entera aprender a identificar las conductas agresivas, pero también conocer las consecuencias de estos actos, ya que la historia nos dice que la falta de comprensión arroja resultados fatales como la depresión, la deserción escolar y en otros casos, ha generado suicidios de la víctimas al no encontrar una solución real a su problema.

El niño violentado puede ser un adolescente y un adulto violentado si no encuentra el camino correcto para liberarse de las agresiones, pero,¿cómo hemos de mostrar ese camino si como adultos no estamos en condiciones de identificar la violencia, tratarla y evitarla? ¿Qué abonamos a la solución del problema si estamos inmersos en las conductas ofensivas sin darnos cuenta?

Les invito a que me envíen sus sugerencias y comentarios al correo electrónico [email protected] y me despido con la maravillosa frase del político y pensador indio Mahatma Gandhi “La violencia es el miedo a los ideales de los demás”. Hasta el próximo!

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