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Reflexiones

Editorial Escrita Por: Beatriz Paredes

 

Comparto algunos de los párrafos del discurso que pronuncié en la Comisión Permanente, al presentar mi solicitud de licencia al cargo de diputada federal. Lo hago, consciente de que en esta etapa de absoluta devaluación del Poder Legislativo, conocer de opiniones diversas puede ser útil para el debate.
“…He tenido la oportunidad de ser una acuciosa observadora del Poder Legislativo mexicano. Protagonista en ocasiones, soy una convencida de la necesidad de un mayor equilibrio entre los Poderes, y del robustecimiento de la Cámara de Diputados y del Senado.
La vida me dio el privilegio de presidir el Congreso tres ocasiones: 1979, 2001 y 2002; presidí, también, la Cámara de Diputados en la 53 Legislatura, y el Senado, en la 57.
Ser integrante de la primera Legislatura que aplicó la reforma política; de la que registró el dolor y la indignación que causó el sismo de 1985 en el Distrito Federal; y vivir en toda intensidad la primera Legislatura de la alternancia, me permitió comprender la evolución de la política mexicana, sus claroscuros y paradojas, a veces, sus retrocesos, y reafirmar mi vocación reformadora y demócrata.
En todo momento, como diputada de trinchera, o coordinadora parlamentaria, descubrí que en el Congreso palpas el pulso de la nación, percibes la enfermedad y la grandeza de la patria, conoces, en el caleidoscopio que es el recinto parlamentario, todos los rostros, las emociones, escuchas todos los acentos y tonos regionales; descubres la fraternidad y camaradería que construyen, aun en la diferencia; y el antagonismo estéril que paraliza. Aprendí, sobre todo, a escuchar la razón del otro, a no evanescerme en mis soliloquios, y a tratar de encontrar la razón que conviene a todos. Reafirmé mi convicción federalista, al mirar nuestra heterogeneidad en este entramado multicultural, diverso y plural que es el Congreso de la Unión.
Descubrí que es en el Poder Legislativo donde las decisiones calan hondo, en el modelaje de la sociedad y en la perspectiva histórica. No es el poder para satisfacer las ambiciones o disfrutar del boato de los poderosos; es el poder para, con humildad y oído abierto, con capacidad de escuchar y generar afinidades mayoritarias o consensos, trascender. Es el poder de los pares, de los diferentes, pero iguales.
De esta 61 Legislatura, me enorgullece especialmente haber participado en dos grandes reformas constitucionales, que se significarán en el tiempo y calificarán el registro de nuestro cuerpo colegiado: la reforma al artículo tercero constitucional, que establece la obligatoriedad del Estado de impartir la educación media superior; y la reforma al capítulo I del título primero y los artículos primero, tercero, 11, 15, 18, 29, 33, 89, 97, 102 y 105 de la Constitución que elevan a rango constitucional la obligatoriedad del Estado mexicano de acotar todos sus actos e interpretaciones jurídicas a la plena vigencia de los derechos humanos, considerando el derecho internacional. Sin menoscabo de las demás tareas legislativas, ambas reformas definen esencialmente esta Legislatura, como progresista y humanista.
Las Cámaras han sido para mí, siempre, oportunidad de hacer amigos, de aprender conceptos de los más sabios, de deslumbrarme con los más ingeniosos debates. De saber, en lo profundo de mi conciencia, que sólo la ética pública y la honradez política dan jerarquía al quehacer parlamentario. He consolidado grandes afectos, amistades con mis correligionarios, desde luego, y también con quienes enarbolan otras banderías políticas. Finalmente, todos tenemos algo en común: creer que la política es el instrumento privilegiado para cambiar la realidad, para que devenga en más justa. Creer que la ley es producto de la civilización humana, encauza sus contradicciones e intereses y logra, mediante la norma, enmarcar su convivencia, donde todos quepan y se respeten todos…”
Hace años, en los avatares de mi responsabilidad legislativa, conocí a una periodista que “cubría” la Cámara de Diputados, y que jugó un papel relevante en la presencia de la mujer periodista en los espacios privilegiados de las columnas políticas y el análisis de los últimos lustros. La muerte nos arrebató a Aurora Berdejo, mujer de compromiso ideológico, de pasiones intensas, de valor civil, de pluma aguda y perspicaz. Un modesto homenaje a su existencia creativa y valerosa.

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