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Pederastia griega, el sexo como pedagogía

Editorial Escrita Por: Cecilia Rosillo

 

Con la evolución de las sociedades y con la ampliación de la expectativa de vida del ser humano, las prácticas sexuales también han cambiado su forma de verse, vivirse, así como de utilizarse; entre ellas está la pederastia, que en la Grecia antigua era usada regularmente, pero no como una forma de abuso sexual, nada más alejado, sino como parte de la educación de los varones.
La esperanza de vida en la Grecia antigua no pasaba de los 40 años, lo que pone a las personas de 14 o 15 años en casi la mitad de la vida; lo que hoy sería tener unos 30 o 35 años. La adolescencia no existía y la niñez duraba apenas menos de 10 años. La adultez llegaba con la pubertad y, con ella, sus responsabilidades.
El término menor de edad no existía. La ropa no era una moda y el desnudo era la forma habitual de cohabitar entre varones en edad de ser entrenados para la guerra.
La concepción de los órganos sexuales en esta época histórica es fundamental para entender las prácticas sexuales de esa era. En Atenas, el pene era más allá que enaltecido, se le exhibía. Los gimnasios eran verdaderas fábricas de hombres y de la hombría; de hecho, la palabra gymnos significa desnudos.
En este sentido, para los atenienses varones la desnudez les afirmaba su posición como un ciudadano -guerrero. De acuerdo con ciertos historiadores los griegos aparecía desnudos también fuera del gimnasio, como se ve en las pinturas de la época plasmadas en los jarrones decorados con escenas de la vida cotidiana.
Por ejemplo, lo que hoy en día es considerado exhibicionismo por las corrientes sexuales, en Atenas el que un hombre se presentara frente a una mujer con el pene expuesto era una forma de flirteo, la chispa sexual no era el atractivo de las mujeres, sino el del varón.
El pene erecto también era símbolo del poder ateniense y estaba rodeado de mitos, era visto como una deidad; se dice que los griegos se contemplaban el pene con temor reverencial ante lo que es sagrado y poderoso.
Por ello, los varones griegos consideraban a su pene como una medida de su proximidad con el poder divino, la inteligencia divina. Platón definió este aspecto sexual —de la erección— como una divina locura, producto de una condición fisiológica y mental.
Así, los griegos usaban el pene para determinar su proximidad con los dioses, ya fuera para bien o para mal; la pederastia, en este sentido, antes que ser un modo de vida, era un rito de transición. La hombría en Grecia se aprendía y se ganaba, primero con un maestro y después en la guerra. El acto pedarástico era la culminación de una tutoría de uno sobre uno destinado a aprobar las virtudes de valentía, fortaleza, justeza y honradez.
Era una práctica más inclinada a la pedagogía que al placer. Los aristócratas griegos, después de sus iniciaciones pederásticas en la adolescencia, se casaban y formaban familias y llevaban relaciones respetuosas con sus antiguos mentores; pero un adulto que permitía ser penetrado por otro, era despreciado.
En la ideología griega, con la pederastia los hombres griegos triunfaban sobre la naturaleza: con un pene y sin mujeres daban origen a otros hombres y este era el poder más imponente y misterioso que se le otorgaba al pene, pues se creía que sólo el esperma constituía el alma del niño.
Hoy en día esta práctica no sólo cae en el abuso, sino en la violación a menores de edad, ya que no tiene ninguna otra razón de ser más que la imposición de poder de un adulto sobre un menor, que es más débil, lo que constituye un delito.
Tarea Kamasutra
El Mayasutra también tomó en cuenta a los conejos y le dio el nombre de este animal a una de sus posturas eróticas en la hamaca.
El conejo se realiza usando la hamaca de manera horizontal y no vertical, es decir, el hombre se recuesta boca arriba tomando con ambas manos la parte de los extremos de la hamaca.
Un detalle importante es que el varón no se sube completamente a la hamaca, sino que deja sus pies apoyados en el piso, mientras su compañera se coloca frente a él como si fuera un columpio.
Cuando el hombre es más alto que la mujer, ella se sienta sobre las caderas de su pareja y deja colgando de lado sus pies, pero si la estatura es muy parecida o ella es más alta, puede dejar también sus pies apoyados en el piso.
La penetración se lleva en una posición casi de pie y de frente, pero las caderas se mantienen apoyadas sobre la hamaca que es usada más bien como una mecedora que refuerza el movimiento de penetración.
Esta es una posición muy erótica ya que no requiere de mucha fuerza en las piernas y puede hacerse extendidamente sin cansar a la pareja.

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