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Gringos perversos

Editorial Escrita Por: Editorial de EL UNIVERSAL

 

Por: El Duende Preguntón

Cada vez salen más evidencias, pajaritos, de que detrás de la sangrienta guerra contra el crimen desatada en México hay mucho más que la decisión precipitada y algo inconsciente del presidente Felipe Calderón. Si bien todos coinciden en que Calderón se apresuró a declarar una guerra sin conocer bien la situación, el tamaño del enemigo y su capacidad de fuego, en buena parte por su necesidad de legitimidad política, hay otros elementos externos que parecen haber influido en esa histórica decisión que nos ha dejado tantas muertes y violencia en el país.

Porque ahora se sabe que, antes de que esa guerra fuera declarada, miles de armas ilegales comenzaron a entrar a México, provenientes de los Estados Unidos y enviadas nada más y nada menos que por las agencias de seguridad estadounidense. En el gobierno de George Bush, nos han revelado los diarios The New York Times y The Washington Post, comenzaron los operativos secretos para introducir armas de contrabando a territorio mexicano, supuestamente para tratar de investigar las rutas y los destinatarios a los que eran enviados en el mercado negro.

Después con Obama continuaron esos ilegales operativos conocidos como Rápido y furioso a través de los cuales se armó prácticamente a los grupos criminales mexicanos con armas de alto poder que todavía hoy en día se utilizan para matar personas en territorio mexicano. ¿Con qué fin armó el gobierno de Estados Unidos a los criminales? Porque eso de que querían seguir el rastro de las armas suena más falso que la nula reacción de Bush cuando le avisaron del ataque a las Torres Gemelas.

¿Estaban preparando desde Washington el terreno para algo?, ¿sabían que venía una guerra de proporciones sangrientas contra el crimen? Curiosamente las fechas encajan entre la entrada masiva de armas enviadas por el gobierno de EU y la posterior decisión que tomó Calderón en el 2006. ¿Le sugirieron o alentaron al Presidente mexicano para que declarara la guerra al crimen y desatara una conflagración que hoy ya rebasa los 50 mil muertos mexicanos?

Siendo Presidente electo, en noviembre de 2006, Felipe Calderón viajó varias veces a Colombia donde se reunió con el entonces presidente Álvaro Uribe, quien le habló del esquema del polémico Plan Colombia en el que los gringos lo ayudaron a él a someter a los narcotraficantes colombianos a cambio de que los dejara entrar con el Ejército de USA a territorio colombiano e instalar bases militares en la nación sudamericana. Dicen algunos que de ahí surgió la Iniciativa Mérida que después firmaría Calderón con Washington y que en realidad es un Plan Colombia simulado y disfrazado para “apoyar el combate al crimen con recursos económicos” del gobierno estadounidense.

Mi teoría, pajarracos, y se las digo sin cortapisas, es que toda esta guerra cruel y cruenta que hemos vivido en México, que ha alterado la vida de amplias regiones del país, dejado decenas de miles de muertos, destruido familias y perdido a buena parte de la juventud mexicana que, o acaba siendo asesina o acaba muerta a tiros o torturada, se planeó, diseñó y echó a andar desde Washington, en la lógica de que ellos siempre necesitan conflictos a donde mandar su producción industrial de armas, además de buscar sus eternas intenciones históricas de tener mayor injerencia militar en territorio de México, especialmente controlar la conflictiva frontera sur, que tanto les preocupa.

En todo eso, el presidente Calderón habría sido sólo un instrumento, un ingenuo e iluminado convencido de que salvaba a México cuando en realidad lo estaba entregando, primero en las manos de los ambiciosos y perversos gringos que hoy están más metidos que nunca en nuestro territorio y en nuestras políticas de seguridad, y luego a las garras de la violencia que ha destrozado la vida de muchos mexicanos.

Dicen que las decisiones de los hombres se juzgan a la larga por sus resultados, y lo mismo pasa con los gobernantes, y por más que me den cifras y me digan que han agarrado a no sé cuántos capos, que han desarticulado a tales organizaciones y que han gastado no sé qué tantos miles de millones de pesos, la realidad es que el crimen no ha disminuido en México, por el contrario se ha agravado en estos cinco años del gobierno calderonista, los narcos no han desaparecido, las drogas no se han acabado y el consumo sigue aumentando. ¿De qué han servido entonces tantos y tantos muertos y violencia? Tal vez en Washington tengan la respuesta: les sirvió para vender sus armas que producen y que sostienen en buena medida la golpeada economía estadounidense.

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