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Desde atrás, pero avanzando

Por: La mosca en la pared

 

La mosca en la pared
Oder Yemal Santana

Desde atrás, pero avanzando

Mientras que el IFE se esmera en presentar ante la ciudadanía la imagen de que somos los viejos, mayores para no herir susceptibilidades, los que padecemos de inmovilidad, conformismo, antipatía y/o decepción, y por otro lado a la juventud la presenta como responsable, cívica, participativa y prácticamente dueña del presente, lo cierto es que eso está muy lejos de ser una realidad; ni la mayoría de los “mayores” somos antipáticos, ni la mayoría de los jóvenes son tan participativos, al menos en los temas políticos, entendiendo que la participación debe estar enmarcada por la propuesta y no por la queja.
Ciertamente con el pasar de los años, los agravios, las insatisfacciones y la falta de respuesta a las necesidades inmediatas van minando nuestra credibilidad, también es cierto que esa experiencia vívida; es decir, no platicada o aprendida, nos va dando otra dimensión de las cosas; los mayores quizá no seamos tan arrojados como el adolecente lo es y esperaría que nosotros lo fuéramos, pero los años nos permiten medir las situaciones, racionalizar y hasta moderar nuestra participación política. Votar por votar, como esperaría el IFE, para dar fundamento a su trabajo, ya que si la ciudadanía no vota, entonces es que ellos no hicieron su parte, o no la hicieron bien, sería aún más irresponsable que no votar, de hecho, no emitir un sufragio en ciertas condiciones o bajo ciertos contextos, es más responsable y beneficioso para la democracia ya que no se puede hablar de democracia sin voto, por tanto si no hay voto es que tampoco hay democracia y de esa manera las instituciones, grupos y clases políticas que no se lo han ganado no pueden legitimarse.
De hecho recientemente a través de las redes sociales se difundió entre los internautas la invitación a anular el voto; y fueron precisamente jóvenes quienes lanzaron la convocatoria, que no la idea, esa viene presentándose en cada elección desde hace muchos años. Particularmente yo recuerdo cuando en una ocasión participé como observador electoral, en una casilla ubicada en la colonia industrial, y alguien emitió su voto por el “Chapulín Colorado”, esto evidentemente implicaba una anulación en automático, pero llevaba de fondo manifestar su desaprobación por los candidatos y sus partidos.
Si bien todo se reduce a votar o no votar, la realidad es que el sufragio solo es la proyección de la conciencia humana, aquello que te dice por quien, porqué sí o porqué no votar; incluso esa conciencia es la que lleva a muchos votantes a reducir su voto al nivel de un producto intercambiable por beneficios inmediatos, cosa que tristemente la ciudadanía no espera recibir de esos políticos cuando ya son gobernantes.
Por lo que toca a la juventud, esta no es presa fácil de los compradores de votos, pero si es presa de la desinformación; hoy es muy común escuchar a los jóvenes criticar duramente; inmisericordemente a los políticos, a la política y a las autoridades, tanto así que uno se pregunta ¿en qué creen los jóvenes? Yo como padre de adolecentes lo que percibo es un abuso de la tecnología de la información, una sobresaturación que no da tiempo a la asimilación y por ende muchos jóvenes se suben al camión del internet sin entender del todo o muy poco de sus efectos. Basta con entrar un día al correo, Facebook o Twitter de su hijo o hija y se encontrará con un mar de información basura, insulsa y atemorizante, por la facilidad con que se difunde. En contados casos encontrará material verdaderamente informativo, ya no educativo.
A diferencia de cuando nosotros éramos estudiantes de primaria o secundaria, donde la educación estaba controlada y se nos dosificaba por grado escolar, ahora la irrupción del internet sobrepasa por mucho a las escuelas; hoy los jóvenes no tienen que quedarse con la doctrina escolar, de hecho ahora ellos ven en el Internet, la válvula de escape que nosotros no teníamos, y eso les produce placer, como una droga, como una sensación de descontrol que los anima, que los hace no tener límites.
A razón de esto, los grupos políticos ahora se disputan los espacios de la red para llegar a los jóvenes, les hablan en sus términos y les dan lo que creen que quieren, contribuyendo así a la confusión y a la movilidad mal entendida.
Evidentemente que en ninguno de los casos aquí descritos se puede generalizar, pero tampoco se puede minimizar se realidad, su existencia.
Los tiempos cambian, tanto para unos como para otros; los modelos de participación política hoy en día están agotados; no ha habido un revulsivo y yo particularmente dudo que sea en la internet donde éste se pueda encontrar, pero confío en la naturaleza humana; si los “mayores” tuvimos que adaptarnos a la modernidad y ya hasta tenemos páginas de Facebook, Metros o Twitter, así los jóvenes deberán aprender a lidiar con el mar abierto que es el internet, desentrañarlo y beber de él con plena conciencia, hasta la saciedad sí, pero sólo lo mejor sus productos.
En resumidas cuentas, en una perfecta diacronía y sincronía es como la ciudadanía debe poner frente a los retos que nos presenta la democracia. “Lo vivido y lo viviente, lo impertérrito y fugaz, desde atrás pero avanzando.“





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